23 de mayo de 2014 – La llegada a este país fue toda una aventura: entré por tierra y, tras poco más de cuatro horas en el bus, me pararon en la aduana. Odio los pasos fronterizos terrestres: ¡me generan estrés! Y desconozco el motivo, pero los policías -da igual en el país que te encuentres-, siempre están de muy mal humor. La verdad que mi foto de pasaporte es un poco dudosa -no me reconozco ni yo ;)-, así que el policía hizo que sonriera y que me pusiera el pelo detrás de las orejas: me miraba y remiraba, y no lo tenía claro. Me preguntó cuánto iba a estar en el país, que para qué estaba allí, que si le enseñaba el billete de vuelo a India y un largo etc. ¡Vaya interrogatorio! Al final, me dejó pasar a regañadientes.

Llegué a la city. Había reservado una cama en un dormitorio pero no tenía ninguna información sobre la ciudad. Es como si te dejan en las Ramblas de Barcelona y tienes que ir a Glorias sin conocer la ciudad y sin mapa. Un indio se ofreció a acompañarme para orientarme. Casi 2 horas más tarde, me di cuenta de que el muchacho no tenía ni idea y claro, yo con mis mochilas a cuestas, venga a dar vueltas.

Tras preguntarle a una señora hindú muy elegante, me dijo que llamaba al hostel para preguntar. Finalmente, me dijo que tenía que coger el metro. Le dije que necesitaba un cajero pues aún no había sacado dinero y no tenía moneda local. Resultado: la señora me dio 2 dólares de Singapore 😉 Entre la aduana y esto, me pregunto si es que tengo muy mala pinta…

Por fin conseguí llegar :) Dejé mis bártulos y, aunque estaba cansada, me fui a recorrer la ciudad. He quedado maravillada con lo organizados y limpios que son para todo. Además, aunque es una gran ciudad, no es nada ruidosa (algo muy raro en Asia): sus avenidas se mezclan con un sinfín de zonas ajardinadas con árboles centenarios. Sin saberlo, llegué al Garden by the bay, una espectacular zona verde mezclada con unas esculturas gigantes de árboles que, por lo que me explicaron, sirven para recoger energía solar. Una fusión maravillosa entre naturaleza y tecnología. ¡¡Espectacular!!

Toda la ciudad es maravillosa: el barrio chino, el musulmán, el centro financiero con sus gigantescos rascacielos, little India y su peculiar olor a curry…

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Y vuelvo a estar en el aeropuerto, destino Bangalore, India. La alegría me embarga. Mañana a estas horas estaré en Anantapur de la mano de la Fundación Vicente Ferrer. ¡¡Voy a conocer a Navya!! Después de ser su madrina los últimos 4 años, ha llegado el momento. ¡¡Me muero de emoción!!! Y además, voy a ver la escuela que, con el apoyo de toda la familia de Publimedia, hicimos posible. ¿Puede ser mas emocionante este viaje?? Me temo que no.

Os llevo conmigo 😉