La aventura hacia la Cresta Besiberris

Cresta Besiberris en el PirineoSiguiendo con mi exploración del Pirineo, un amigo me propone ir a hacer una cresta de montaña: la Cresta Besiberris, ubicada en el Pirineo catalán, desde la que se coronan los tres Besiberris: norte (3.009m), medio (2.995m) y Besiberri sur (3.017m). Me parece una idea increíble así que no dudo ni un momento y le digo que sí de inmediato. Lo cierto es que iba a ser mi primera cresta “seria”, y digo sería porque debería encordarme. Iría acompañada de Luis y Jesús, dos grandes alpinistas: uno de ellos aún desprendía el olor de hacer cima en el Huascarán (6.768 m) en la cordillera occidental de los Andes peruanos.

Salimos el viernes para la zona de Viella y justo antes de llegar al túnel de esta localidad nos desviamos a la derecha para hacer noche en el parking que hay al lado del refugio de Conangles. Ya he dormido allí un par de veces este verano y lo cierto es que todo y estar muy cerca de la carretera, me parece un lugar precioso: dormir con el rumor del río y despertarse rodeada de montañas no tiene precio.

Íbamos con la idea de hacer la cresta Besiberris el domingo pues el sábado, todo y que la previsión era de cielos despejados, se preveía un poco de viento. Decidimos que por la mañana haríamos la aproximación de unas 3 horas hasta el refugio dels Besiberris para hacer noche allí y atacar la cresta el domingo antes de que amaneciese.

El sábado nos levantamos sin despertador, desayunamos como reyes, preparamos las mochilas y empezamos la subida ilusionados como tres niños el día de reyes. Es maravilloso estar con personas que sienten lo mismo que tú cuando están caminando entre montañas, cuando, incluso en muchos momentos en los que estás sufriendo, sigues adelante sin pensarlo pues sabes de sobras que tendrás una gran recompensa cuando llegues arriba.

Y caminando, caminando, llegamos sin darnos cuenta a un lugar mágico: el estany de Besiberri. Recomiendo encarecidamente este trekking: la excursión desde el parking es de 2h. La subida es agradable y entretenida y lo cierto es que el conjunto del lago con sus aguas cristalinas con esa alfombra de hierba mullida y esponjosa, los paredones de alrededor y la majestuosidad de la cresta, son un placer para la vista. Por supuesto, decidimos parar a comer algo y aprovechamos para disfrutar del silencio, también de las risas y, como no, del precioso entorno.

Llegamos al refugio unos 45 minutos después de volver a ponernos en marcha. Lo cierto que es dicho lugar es como una gran lata de sardinas -sí, sí, tal cual: es un refugio de lata en el que hay capacidad para que duerman 18 personas; evidentemente, sin agua, sin baño pero en un lugar privilegiado con un balcón con vistas de ensueño-.

Nos pusimos el despertador a las 5 de la mañana y poco antes de las 6 estábamos de nuevo en el sendero. Aunque ya lo habíamos mirado la tarde anterior, un chico nos dio su opinión sobre donde teníamos que empezar a hacer la cresta Besiberris. Fue espectacular ver cómo el sol iba asomando la nariz para despertar esta parte del planeta, cómo iba tiñendo de rosado las cimas cercanas y cómo curiosamente (estoy segura que esto tiene una explicación científica) al alba, el frío se hacía más presente.

La subida era empinada y muy técnica, de esas que no puedes separar ni un segundo la vista del suelo y tienes que estar muy pendiente de donde pones los pies. Mis compañeros de cordada decidieron “tirar pel dret” y empezamos a crestear. La sensación era increíble: emoción, subidón, adrenalina combinado con una increíble sensación de felicidad. Imagino que mi cuerpo en esos momentos debe segregar millones de endorfinas y aunque estaba sería y concentrada, mi interior no puede dejar de sonreír.

Y así, llegamos a la primera cima pero… ¡sorpresa! Una vez arriba nos dimos cuenta que no era el Besiberri Norte, sino el del medio! Supongo que debimos confundirnos al ir a oscuras y empezamos la cresta entre el norte y el del medio. En cualquier caso, fue muy divertido; creo que tomas una conciencia enorme sobre tu cuerpo, hay que controlar todos los movimientos: donde pones un pie, donde una mano y así sucesivamente. En muchos momentos había unas exposiciones, no aptas para cardiacos y pensaba: “uff… respira, concéntrate, pie, mano”. Imagínate ir caminando a 3000 metros de altura por muy ancho que sea el camino: tú vas viendo la caída que tienes alrededor, tienes que controlar la cabeza para no acabar a 4 patas y ponerte a temblar. ¡Me encantan esas sensaciones!

ascenso-por-cresta-besiberrisAcabamos la cresta en el Besiberri sur, uno de los tresmiles del Pirineo. Día espectacular desde donde divisábamos el Aneto con total claridad. Feliz por haber llegado y conseguido el objetivo, ahora solo nos quedaban unas 5 horas de bajada. Descendimos por el camino que llega hasta el refugio con zonas un pelín complicadas: pedruscos gigantes que hay que ir saltando al más puro estilo Mario Bros y algunos tramos en los que las piedras son tan pequeñas y la pendiente con tanta inclinación, que las caídas están aseguradas. A eso le añadimos el hándicap de que estos chicos son unos guerreros de las montañas y yo, aunque tengo resistencia, andando soy más parecida a una tortuga que a una liebre.

Llegamos al parking desde donde habíamos salido el día anterior después de 11 horas de actividad desenfrenada. Jesús tenía que volver a Barcelona ese mismo día; Luis y yo aprovechamos para quedarnos un día más. Me preparó una cena de sus espectaculares “Patatas a lo pobre” y así, felices y cansados como niños, acabamos nuestra maravillosa aventura.

Gracias guapos por compartir conmigo esta experiencia y por cuidarme tanto. Así da gusto. ¿Cuándo repetimos? :)