En este último relato de mi primer viaje a Argentina quiero compartir contigo el fascinante avistamiento de Ballenas en Puerto Pirámides y lo conmovida que me sentí al conocer el lado más romántico de los pingüinos de Magallanes en Punta Tombo.

Puerto Madryn

Llegué por mediación de un amigo a casa de Fede en Puerto Madryn y me cedió su precioso apartamento para que fuese mi campo base por unos días. Mi objetivo era visitar la Península de valdés para realizar un avistamiento de Ballenas ya que era la época en la que es posible verlas por allí e ir a Punta Tombo para visitar la mayor Reserva Natural del Pingüino de Magallanes.

La Vela Puerca

Hacía poco más de 3h que había llegado a Puerto Madryn y Fede junto a la preciosa Julieta me proponían ir a un concierto. Tocaba La Vela Puerca, un grupo Uruguayo muy conocido. Me resistía a ir -mi efectivo comenzaba a menguar nuevamente y las visitas que quería hacer en esta parada acabarían con el dinero que llevaba encima-. Estábamos tomando unos vinos cuando llegaron Inés y Diego, unos amigos de la pareja: no llevábamos ni media hora todos juntos cuando decidieron que por nada del mundo podía perderme ese concierto. Empezaron a buscar en la reventa entradas  y Diego se ofreció a regalármela. Una vez más, este país y su gente me dejaron anonadada con la naturalidad que hacen las cosas y la gran capacidad de dar sin esperar nada a cambio. Gracias chic@s por todo: una vez más, hicisteis que este viaje fuese un gran aprendizaje y que creciese como persona. Bueno, sobre el concierto… ¡¡Fue Brutal!! Pedazo de directo que tienen esta gente. ¡Chapó! Aquí os dejo una de sus canciones: https://www.youtube.com/watch?v=ZJ1MYHUIuHg 

Peninsula de Valdés

Fede y Julieta querían ir a pasar el día a una playa en la Península de Valdés  y me dijeron que tenía que ver ese precioso lugar, así que aprovecharíamos y después me dejarían en Puerto Pirámides para que hiciese el avistamiento de ballenas. Después de un rato largo de coche llegamos a Punta Pardelas. ¡Qué razón tenían! El lugar era increíble, de esos que te llevan de la mano y sin darte cuenta estás meditando; de esos que te sumen en un estado de relajación absoluto tan solo observando el entorno. Compartimos unos mates sentados mientras la marea iba bajando y disfrute de la atmósfera de amor que solo son capaces de crear dos personas tan enamoradas el uno del otro.  Que dulce momento chicos :)

Puerto Pirámides: Avistamiento de Ballenas

Pasadas unas horas, Fede y Julieta me dejaron en el pequeño y encantador pueblito de Puerto Pirámides. Comí algo mientras hacía tiempo hasta que saliese la excursión que me llevaría a vivir una gran experiencia: el avistamiento de esos mamíferos gigantescos, las ballenas. Había contratado con la empresa http://www.southernspirit.com.ar/ que resultaron ser muy profesionales, además de gente encantadora. Nos subimos todos a la embarcación y empezamos a navegar. Nos dirigíamos hacia un lugar que, al parecer pocas horas antes, habían visto a una mamá ballena con su ballenato. De pronto, a lo lejos, un inmenso animal salía del agua con un gran impulso, dejándonos atónitos a todos. Seguimos nuestro rumbo, el capitán paró el motor de la barca y… ¡allí estaba ella! Dejaba entrever fuera del agua una pequeña parte de su gigantesco cuerpo -el cual se intuía perfectamente todo y estar sumergido-. Su bebé reposaba encima. Esos dos gigantes seres en su medio natural cada vez se acercaban más y más. De hecho, llegaron a estar tan cerca que podría haberles tocado con la mano. Flotaban a nuestro lado con una tranquilidad que me dejó perpleja: eran confiados y no sentían miedo.

Avistamiento de Ballenas en Puerto Pirámides

Se dejaban observar y parecía como si quisieran compartir toda esa naturalidad con nosotros.  Una vez más, me sentí minúscula en el universo: no por la diferencia de tamaño con esos animales sino más bien por lo lejos que a veces me siento de llegar a comprender el sentido de la vida y lo evidente y sencillo que resulta la verdad en esos momentos, observando el fluir tan natural de sus cuerpos en medio de la naturaleza. Después de ese momentazo decidí que pasaría la noche en ese tranquilo lugar para llevarme conmigo esa paz. Me desperté muy temprano: quería disfrutar del lugar antes de que empezasen a llegar oleadas de turistas para hacer los avistamientos. Caminé por la playa y, tras ir bordeando el océano, me estiré en unas rocas a recargar mi batería de energía solar 😉 Sobre las 12 del mediodía estaba de camino nuevamente a Puerto Madryn en una furgoneta de reparto acompañada de Juan, un chico que asalté 😉 para que me llevase a la ciudad.

Punta Tombo: la Pingüinera de Patagonia

Punta Tombo

La Reserva Natural de Punta Tombo alberga la mayor colonia de pingüinos de Magallanes que existe en el mundo, entre los meses de septiembre y abril. Ubicada a orillas del Océano Atlántico, es el lugar elegido por estos animales para reproducirse. Me habían comentado que no podía perderme este lugar y lo cierto es que tenía muchísimas ganas de ver estos simpáticos animales.

Hacia 10 minutos que había entrado en la pingüinera cuando un pingüino decidido y sin temor alguno se dirigía directamente hacia mi. Se acercaba con sus andares, al más puro estilo Charles Chaplin. No podía dejar de reír ante sus cómicos y cortitos pasitos: me robo el corazón y me pareció el animal más gracioso que vi jamás.

Pingüinos Magallanes, Punta Tombo

Me gustó descubrir que incuban sus huevos entre el macho y la hembra indistintamente. Siempre uno de ellos se queda en el nido mientras el otro se acerca al océano a comer. Resultó muy divertido ver cómo se dirigen al agua ágiles y delgados como un corredor keniata y, cómo, tras pasar un buen rato bañándose y zampando, les cuesta infinito volver al nido por el peso extra, se ven la mar de gorditos y tienen que ir descansado en la subida pues están tan rellenitos que les cuesta moverse.

Lo que más me conmovió fue descubrir su lado más romántico o dramático, según lo mires (yo me quedo con el romántico). Me explicaron que cuando escogen pareja es para toda su vida y que cuando uno de los dos muere, el otro se adentra en el océano y jamás regresa. Quizás pueda parecer una historia triste o muy dramática. A mi me pareció preciosa y me tocó el corazón. Por eso me he propuesto reunir muchos puntos de buen Karma para poder ser pingüina en otra vida 😛

Después de un asado en casa de Inés, rodeada de gente fantástica que una vez más me hicieron sentir como si estuviese entre amigos y escuchando la música que salía de la guitarra de Diego y de sus amigos. Me despedí de Puerto Madryn y me marché de allí hacia la última parada de mi viaje, Buenos Aires. Me fui en un camión con Carlos, un tipo que hablaba muchísimo pero que se comporto conmigo de manera excepcional.

De vuelta a Barcelona

Y así, tras pasar mis últimos días en Buenos Aires volvía a casa. Mientras el avión comenzaba a moverse escuchaba las canciones que Fernando -una persona que conocí en el fin del mundo y me llegó al corazón-, había grabado para mi y, sin poder evitarlo, las lágrimas brotaban en mis ojos y se deslizaban sin control sobre mis mejillas. Jamás me despedí así de ningún lugar: en muchas ocasiones lo hice con tristeza pero el torrente de sentimientos que me provocaba dejar Argentina era incomparable con nada que hubiese vivido antes. El corazón me decía que volvería. Lo que no sabía en aquel instante es que sería tan pronto 😉