En este relato os cuento cómo pasé de disfrutar de las bodegas de vino en Mendoza a llegar a la ciudad de postal que es San Carlos de Bariloche, enmarcada por el lago glaciar Nahuel Huapi.

De Mendoza a Bariloche

Tras haber pasado unos días en Iguazú y haber visto sus impresionantes Cataratas (puedes leer la aventura aquí), llegué a la ciudad de Córdoba tras innumerables horas de bus. Córdoba es la ciudad más extensa de Argentina y la segunda más poblada. Mi visita allí solo duró unas diez horas pues era solo un alto en el camino hacia mi siguiente destino, Mendoza, donde había quedado con Sebas, el amigo y couchsurfer que me alojó durante mis primeros días de viaje en Argentina.

Las conexiones para ir de Córdoba a Mendoza estaban complicadas pues era el feriado (puente) del 12 de octubre y todo el país se dirigía a pasar los días de fiesta fuera de las grandes ciudades con el objetivo de ver las últimas nieves de las montañas.

El destino quiso que no hubiesen pasajes directos para ir de Córdoba a Mendoza y tuviese que hacer parada en Río cuarto. Allí conocí a Gaspar: un chico increíble que, a pesar de su juventud, consiguió dejar huella en mí gracias a sus valores y su sabiduría. ¿Cómo es posible que con casi 20 años menos que yo, tuviese tan claras ciertas cosas sobre la vida que yo tan solo había visto hacía un año y tras pasarme meses en Asia, sola y dándole vueltas a la bola?

Gaspar Guendulain es BMX rider y me explicó de manera muy humilde a qué se dedicaba -digo humilde porque después de conocernos, le he ido siguiendo en las redes sociales y el tío es un crack en lo que hace-. Fue toda una odisea que le dejasen subir su bici al bus, y eso que la llevaba desmontada y camuflada en un bolso de tela que le habían preparado para tal fin. Guendulain se dirigía a Mendoza para participar en un evento de BMX que se iba a celebrar durante el fin de semana. Me habló de sus sueños, de las ganas que tiene de venir a Europa, y en especial, a Barcelona. Sin duda llegará dónde se proponga. Nada más poderoso que la ilusión y las ganas de cumplir sueños.

Después de dormir unas cuantas horas en el bus y disfrutar charlando con Gaspar, llegué a Mendoza. Nada más llegar al hostel, contratamos un tour para ir a algunas bodegas. Desconocía por completo la cultura vinícola Argentina y he quedado maravillada. Mendoza es la provincia más importante en la producción vinícola argentina y la verdad es que ¡tienen vinos riquísimos!  Entre vino y vino, y acompañados en grandes momentos por el sonido mágico de alguna guitarra, pasé unos días increíbles.

San Carlos de Bariloche

Mi siguiente destino era San Carlos de Bariloche, uno de los lugares más visitados de la Patagonia. Para llegar a Bariloche, nuevamente castigué el cuerpo con más de 20 horas de autobús. Sin embargo, ya empezaba a acostumbrarme y los trayectos los estaba convirtiendo en una meditación sobre lo que había vivido los días anteriores, así qué aprovechaba para escribir, escuchar música, dormir y soñar. Me bajé del bus un poco trastornada pues, al final, por culpa de una protesta, hubo un corte de carretera y el trayecto duró alguna hora de más.

Parque Nacional Nahuel Huapi

El espectacular lago Nahuel Huapi me dio la bienvenida a San Carlos de Bariloche. Un taxista me explicó que el significado de Nahuel Huapi en mapuche es Isla del tigre. Cuenta la leyenda indígena, además, que en este lago habita una extraña criatura llamada Nahuelito – equivalente al Nessi escocés- aunque nunca ha sido confirmada. A mí, sin duda, la visión de Nauhel Huapi me dejó perpleja.

Sentarse a contemplar el lago enmarcado por los picos nevados, fue un momento yóguico de “aquí y ahora”. Una vez más, pasé un largo rato embelesada mientras me fluía con su aguas. Tras varias aventuras, conseguí llegar a casa de Mauro, un chico con el que contacté desde la página de Couchsurfing y me cedió de manera cortés su pequeño apartamento en Bariloche. Además se ofreció a acompañarme para enseñarme algunos lugares un poco más alejados de la pintoresca ciudad.

Tomamos el bus (atención: aquí los buses no se cogen, cosa que me ha costado evitar pues aún no he podido eliminar ese verbo de mi vocabulario. El verbo coger se utiliza para el acto sexual en su versión grotesca ;)) y nos dirigimos al Cerro Campanario.

La subida se hace en unos 25 minutos y aunque el desnivel no es grande después de tantos días de inactividad sudé un poquito, cosa que me encantó y me devolvió a la vida. El Cerro, aunque supera por muy poco los 1000 metros, nos daba una panorámica preciosa del Parque Nacional Nahuel Huapi.

Cerro Campanario en Bariloche

Ruta de Senderismo “Circuito Chico”

Circuito Chico, Cerro Llao Llao

Un bocadillo de Palta (aguacate) en la cima, me sirvió para coger fuerzas y seguir. Fuimos a recorrer la ruta de senderismo Circuito chico: bien indicada y apta para todos los públicos. El sendero nos llevó por una ruta preciosa y en su punto más alto, el Cerro Llao Llao (1056m), se respiraba una inmensa paz. Mauro aprovechó este momento para explicarme todo lo que se veía alrededor: los lagos, las cimas. Me recordó mucho a mi amigo Jaumet y a la tranquilidad y el amor con la que explica las cosas, y me sentí muy cerca de casa.

Nuestros pasos nos llevaron al lago escondido que, todo y que está bastante cerca de una carretera, se convirtió en un momento para recordar. El inicio de la pasarela de madera indicaba que allí estaba el lago y como una niña curiosa y emocionada cuando está a punto de descubrir alguna cosa, caminé sigilosa, despacito, para vivir con intensidad ese instante.

Lago escondido, Parque Nacional Nahuel Huapi

Entre la arboleda espesa mis pasos hacían crujir la madera e iba como hipnotizada. Al final, donde se aclaraba el camino, se veían las cimas nevadas. En pocos pasos llegué a un pequeño muelle que dejaba contemplar la inmensidad del Lago. ¡Qué belleza de lugar! Digno de grabar la mejor escena de una película romántica. Me senté, respiré e intenté dejar grabado para siempre ese lugar en mi retina.