Viaje a ArgentinaVoy subida en el avión y, tras el habitual ritual de nervios, ahora, una vez que ya hemos despegado, me quedo absolutamente relajada en el asiento. ¿Qué tendrá ese runrún del avión que hace que se active mi somnolencia y a la vez se escape una sonrisilla en mi boca? Me esperan 11 horas de vuelo hasta Sao Paulo y tras la escala subiré a otro avión que me llevará a Buenos Aires. A través de la web Couchsurfing he contactado con Sebas, quien me dejará dormir en su casa un par de días, así que la aventura empieza de lo más divertida porque no le conozco y no tengo ni idea de lo que me voy a encontrar.

¡Me siento pletórica! Desde que volví de Asia el año pasado no he cogido un avión para hacer un viaje largo y la verdad es que ya empezaba a faltarme el aire. Sé que mucha gente no lo entenderá pues he pasado un verano increíble a caballo entre los Pirineos, la ciudad y la playa -todo esto combinándolo con cenas en buena compañía; pero esa magia que envuelve las mil sensaciones de hoy no es comparable con nada. Esa (llamémosla) energía que hace que vayas flotando por la terminal del aeropuerto con una extravagante cara de flipada, tal y como si hubieses consumido alguna sustancia psicotrópica. Dios, ¡¡como lo echaba de menos!! Nervios, risas, emoción, más nervios, ilusión, sonrisas, dolor de barriga, risa floja…  Estoy segura que sois much@s los que sabéis a que me refiero y me entendéis a la perfección.

Hace años que Argentina estaba en mi lista (larga lista :P) de países que visitar antes de pasar a mejor vida  (o peor, según se miré… 😉 ) y antes de que el karma me convierta (en el mejor de los casos) en una pantera o en una pulga (en el peor de ellos). El tema es que mis vacaciones anuales han sido siempre durante el mes de agosto y Argentina pertenece al hemisferio sur, lo que quiere decir que, de haber viajado antes, habría sido en su pleno invierno. Es por este motivo que lo he ido posponiendo (no me gusta nada el frío), ya que sabía que tarde o temprano los astros se alinearían y encontraría el momento . Tampoco es que octubre sea la mejor época para visitarlo: acaba de llegar la primavera y en el sur del país aún hay bajas temperaturas. Pero no me veía capaz de esperar un par de meses más para iniciar este viaje. Digamos que la paciencia no se encuentra entre mis cientos de virtudes 😉

Para variar llevo el viaje poco o nada preparado: soy un caso… A parte de haber contactado con un par de personas y tener esperando a un camionero que hace ruta hacia el sur y me va a llevar gratis, tengo idea de poco más :$ .  El sumun de mi organización ha sido marcar 9 lugares que quiero visitar; el cómo, cuándo y en qué orden lo dejaremos a mi amiga improvisación… ¿Que fluya, no?..

Así es como me siento últimamente: como bailando con el universo y dejándome llevar. Eso sí, por si acaso algo falla y no fluye todo siempre, llevo tres paquetes de jamón ibérico rico rico en la mochila. Con un poco de “pa amb tomàquet” y jamonaco, es  más fácil volver a estar en sintonía con el universo.

Una vez más, empiezo esta aventura acompañada de mi inseparable y leal amiga, que aunque parece empeñada en hacerse mayor -lo cierto es que lleva infinidad de historias a sus espaldas- me niego a cambiarla por ninguna otra. Es curioso como algo tan simple como una mochila puede convertirse en todo un talismán. Ella tiene el poder de hacerme sonreír siempre y eso es de un valor incalculable.

Tras esta última semana de locos que he pasado -he dejado la casa donde vivía, hemos estado trabajando en la nueva web y las cosas que tenía que dejar solucionadas antes del viaje-, estoy con la batería bajo mínimos. Así que con vuestro permiso, voy a dejar que me engulla el asiento del avión mientras dejo volar mi imaginación sin quitar la sonrisa de mi boca.

Dejarme que sueñe con esos lugares maravillosos que estoy a punto de descubrir: quiero hacer senderismo y trekking por la Patagonia, escalar el Perito Moreno, ver cómo bailan tango en las calles. Tengo curiosidad por saber cómo huele Argentina, de qué manera vive su gente; quiero avistar ballenas en la costa de Valdés.

Espero que no me dejéis sola y me sigáis de cerca. De qué sirve vivir y tener mil historias sin nadie a quién contárselas.

Ssssshhhhhhhhh, voy a seguir soñando despierta…