Aquí os relato mi llegada a Patagonia, mi primera experiencia viajando a dedo (autostop) y cómo El Chaltén, con sus senderos y su Cerros Fitz Roy y Torre, dejó huella en mí para siempre.

La Patagonia

No me lo podía creer: con mi llegada a El Calafate estaba ya con La Patagonia bajo mis pies. Ese lugar tan remoto a mi casa y del que todo el mundo, amante o no de la naturaleza, hablaba maravillas. Unos días antes pregunté de donde venía el origen del nombre “Patagonia” y Mauro, mi couch anterior, quiso saciar mi curiosidad y me explicó estas historias: el origen Patagonia viene de un indio muy grande que habitó estos lares, se llamaba Patagón y al parecer, en consonancia con su tamaño, tenía un pie enorme. También dicen que las gentes de esta zona eran todos muy altos con pies grandes y que cuando llegaron los españoles las diferencias de sus “patas” eran abismales y de ahí surgió el nombre.

El Perito Moreno

Había soñado antes de llegar a Argentina que quería celebrar mis 38 paseando en el Perito Moreno. Llegado un punto del viaje, decidí que no quería que las prisas marcaran el ritmo. Así que en algún punto dejé el estrés de lado y cuando solo faltaban 3 días para mi cumpleaños, compré un billete de avión (carísimo por cierto) que me dejaría el día de antes en El Calafate, lugar desde donde parten las excursiones al glaciar. Cumplir un sueño merecía un post especial -podéis leerlo integro en http://www.verenicealabau.com/ruta-hacia-el-glaciar-perito-moreno-, así que después de esa experiencia que dejó para siempre huella en mi corazón, me dispuse a ir hacia el siguiente destino.

De El Calafate a El Chaltén a dedo

Y así, en El Calafate marqué como siguiente destino El Chaltén, ubicado en la zona norte del Parque Nacional de Los Glaciares, capital del trekking en Argentina y lugar de culto para senderistas y escaladores de todo el mundo. Cristian, el chico encantador del camping donde había pasado mis noches en Calafate me dijo, dada mi insistencia en ahorrar dinero, que podía ir a dedo, cosa muy común en esta zona y con pocos o ningún peligro. Me cargué la mochila a la espalda y empecé a caminar por la carretera con mi pulgar hacia arriba: pocos más de 20 minutos fueron necesarios para que Nacho y su fantástico padre Francisco, detuvieran su auto. ¡Eureka! Iban hacia el lugar donde me dirigía, así que compartí mi primera aventura haciendo dedo con dos personas entrañables. El trayecto duró unas 3 horas que pasaron volando, sumidos en hablar sobre nosotros, nuestras vidas, la política y nuestra pasión por ver mundo.

Ruta 40 de el Calafate a el Chaltén

El Chaltén

Aún no lo sabía pero mi estancia en El Chaltén, a los pies del majestuoso Fitz Roy, marcarían un antes y un después en mi vida de senderista. Llegué a casa de Tamara, Cristian y su perrito llamado Chico: mis amables anfitriones que además de tratarme como una más de la familia y cuidarme esos días en los que estaba un pelín constipada dándome infusiones con jengibre, me llenaron de amor. Ambos, nacidos y crecidos en Buenos Aires decidieron un día instalarse en este pueblito que, aunque ha crecido mucho para que os hagáis una idea, tan solo hace un año que llega la conexión telefónica. El día siguiente a mi llegada no dejó de nevar, así que pude aprovechar para descansar tras muchos días de viaje. Con unos mocos causados por los vientos patagónicos, lo necesitaba muy mucho.

Sendero a La Laguna de los Tres

Al día siguiente, el sol se impuso brillante. El paisaje era de cuento, todo nevado y con el cielo azul. Emocionada me calcé las botas, cogí mi ropa de abrigo y me fui entusiasmada a recorrer el camino que me llevaría a la Laguna de los tres, lugar desde el cual se tiene una visión cercana del Fitz Roy. Os aseguro que es el sendero más bonito que he recorrido en mi vida. Caminaba pisando la nieve, todo estaba blanco, con muchísimos arboles, pequeños y gigantescos que me acompañaban en el camino. Cuando el sol empezó a calentar, la nieve de los árboles se fundía con delicadeza y cientos de gotitas brillantes caían como si de diamantes se tratase. Lo comparo con los paisajes en Narnya (una película maravillosa). Caminando pasé por la Laguna Capri, rodeada de vegetación emblanquecida: digna de una postal.  Llena de felicidad y sin poder dejar de sonreír seguí caminando hasta que  llegué a la Laguna de los Tres que, por cierto, estaba completamente congelada. Fue una pena que solo hubiese una pequeña ventanita entre nubes ya que el Cerro se mostró tímidamente, pero el recorrido había sido tan espectacular que incluso no ver en su pleno esplendor la montaña, no eclipsó esa excursión. Otro momento mágico a guardar para siempre en mi memoria y en mi corazón.

Laguna Capri, caminata en el Chaltén

Sendero a Laguna Torre

Pasé otro día más en El Chaltén, entre pizzas caseras, cervecitas y vino. Recorrí otro clásico: el sendero a la laguna Torre. En el camino y esta vez sin nubes enganchadas en las cimas, tuve una visión completa del Fitz Roy y del Cerro Torre. Perpleja ante tanto esplendor y por instantes sintiéndome tan pequeñita en el universo, llegué a la Laguna Torre desde la cual se veía el llamado Glaciar Grande -con este nombre seguro que os podéis hacer una idea de sus dimensiones-. Muchos trocitos del glaciar, icebergs, flotaban por la laguna. Pasé de largo pues mi objetivo era llegar al mirador Maestri a algo más de un kilometro y lugar en el que la visión del Cerro Torre es más espectacular. Lo fue, sin duda. Sentada en una piedra pasé un largo rato contemplándolo atónita y pensando en mi hermano,  y en lo muchísimo que fliparía si viese esa montaña. Estaba segura que se moriría por escalarla.

Mirador Maestri, sendero el chaltén

Y así, en una borrachera continua de fascinación por La Patagonia, se acabarían mis días en ese lugar de ensueño, llamado El Chaltén.