verenice-alabau-caminando-por-asia9 de enero de 2014 – Empaquetar mi vida no ha sido fácil: dejar mi casa, mis cosas, mi pueblo y lo peor de todo, decir ‘hasta luego’ a mis amigos. En estos días he vivido un sinfín de momentos de estrés, tensión y nervios pero también momentos emotivos. Resultado: he perdido 3 kgs (mis compañeras del trabajo se morirán de envidia; seguro que ya han comenzado la operación bikini postvacacional tras la navidad ;-))

Me he dado cuenta de lo complicado que es meter en una mochila todo lo necesario para siete meses, sobre todo cuando lo imprescindible en tu vida no son cosas materiales.

Ha resultado sencillo preparar la ropa, el calzado, el botiquín y algunos objetos de aseo personal porque lo que más me llena y sin embargo, menos ocupa, son esas cosas grabadas en mi disco interno de las que ninguna compañía de vuelo podrá limitar el peso: la despedida con parte de mis amigos escaladores y mi hermano en Montserrat (con cava y ‘tortell’ incluido); la partida de catán que viví en mis carnes y de la que no me podía escapar antes de irme a Asia; y las innumerables muestras de afecto recibidas por Whatsapp, e-mail, Facebook, etc. Mi teléfono echa humo! No me había planteado nunca la de gente que tengo a mi alrededor, es genial. Siento no haberme podido despedir de tod@s. No me lo tengáis en cuenta.

Voy a echar de menos las conversaciones profundas y no tan profundas, risas, lloros, peleas y demás aventuras y desventuras con mi hermana Raquel. No se qué haré sin ti, little. Tambien encontraré a faltar infinito los abrazos y besos incondicionales de Sergio en estos días de nerviosismo. No t’oblidis del nostre projecte.

Me voy con una gigantesca mochila cargada de ilusión, de sueños, de sonrisas, de buenos recuerdos, de ganas de aprender, repleta de amor, con ganas de ayudar y compartir pero sobre todo llena de ganas de vivir.