15 de enero de 2014 – El martes llegué, tras unas cuantas horas de bus y ferry, a un pueblo llamado Dumaguete en la isla de Negros. Moverse en este país resulta sencillo incluso con mi hándicap adicional: mi terrorífico inglés.

20140115_175246Lo cierto es que he hecho poca cosa. Y no, aunque parezca increíble, aún no he pisado la playa. He preferido relajarme un poco y vaguear, he salido a pasear por la ciudad, y como ha resultado imposible encontrar un mapa, me he lanzado a callejear. De las primeras cosas que me gusta ver en una ciudad es el mercado y cómo no, vagando sin rumbo, he dado con él. Ningún mercado deja indiferente y este no podía ser menos. Me ha sorprendido que hubiera una gran cantidad de paradas de esteticistas que querían hacerme la pedicura (me habrán visto falta; yo, que no me he hecho una pedicura en mi vida y que llevo pies de troll, blancuchos y feos).

Es fantástico que todo el mundo te sonría y te salude por la calle constantemente. De verdad, es un no parar y es algo que no deja de sorprenderme. Paraos a pensar la cantidad de personas con las que nos cruzamos diariamente y a cuántas les regalamos una sonrisa o, simplemente, a cuántas les damos los buenos días. Quizás tengamos que replantearnos cuál es realmente el primer mundo; nosotros, que tenemos de todo y realmente no sabemos nada de ser felices. Este es el motivo por el que soy incapaz de viajar por Europa en vacaciones: ¡la gente no sonríe! En lugares donde la gente tiene muy poco o nada, es inmensamente más feliz.

Niño en bici en Filipina, AsiaMientras comía, un chino se Shanghái se ha sentado en mi mesa y le ha dado al palique durante 2 horas –coneixia la nostra terra però no el nostre idioma-. Por la tarde he estado ayudando a un niño a montar en bicicleta. No controlaba mucho y la bicicleta le quedaba un poquitín grande. Después, sentada en el espigón del puerto con vistas a lo que creo que es el mar de Sulú, el niño no ha dejado de sonreírme cada vez que pasaba cerca para enseñarme lo bien que lo hacía.

Y de vuelta al Hostel: nueva aventura. Se ha hecho de noche. Iba sin mapa, sin frontal y como buena catalana no he querido pagar por coger ni un ‘habal-habal’ (mototaxi con asientos a los lados) ni tampoco un triciclo. La verdad es que no ha sido por los céntimos que me iban a cobrar; me apetecía caminar. No soy ninguna suicida pero me gusta ir tanteando. Llevo muy poquito en el país y voy muy alerta. Tras casi una horita, eureka! He llegado a Harold’s Mansion, un nombre genial para un albergue de mochileros.

Desconozco mi próximo destino. Solo sé que mañana cogeré la mochila y me pondré nuevamente en marcha.

See you later 😉