Quiero relatarte cómo, por el simple hecho de cambiar dinero, crucé a Chile y aprovechando la cercanía no pude resistirme y fui a visitar el Parque Nacional donde se encuentran las espectaculares Torres del Paine.

Parque Nacional Torres del Paine

La falta de euros en metálico me llevó a cruzar la frontera hacia Chile. Lo sé, suena un tanto raro, pero hice números y me era más rentable cruzar y cambiar a pesos chilenos para después cambiar a euros y finalmente cruzar de nuevo a Argentina y volver a cambiar a pesos en el blue (mercado negro). Mi visita, por supuesto, no sería en vano: decidí ir a recorrer el sendero que lleva hasta el mirador de Base torres, desde el cual tiene unas vistas privilegiadas de estas gigantescas torres de granito, las Torres del Paine.

Cómo llegar al Parque

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Lo cierto es que finalmente la mala logística para llegar al Parque y regresar el mismo día en temporada de invierno es inviable, pues el autobús que regresa a Puerto Natales (ciudad a la que yo había llegado y desde la que parten la gran mayoría de senderistas) es a la 1 p.m. Por lo tanto, o eres killian Jornet o lo tienes un tanto difícil para hacer el sendero en unas pocas horas.

Todo se arregló rascándome el bolsillo y pagando un microbús en una agencia (cada vez me gustan menos esas cosas de turistas: lo digo sin ánimo de molestar a nadie con mi comentario). Aquí te dejo un link de los horarios de una compañía que hace el recorrido de Puerto Natales al parque http://www.busespacheco.com/rutas.htm

Empecé el día torcida. Me habían asegurado en el hostel que a las 7 a.m tendría el desayuno preparado y que me darían la llave de un locker (taquilla) para dejar mi mochila grande. No solo no se cumplieron estas profecías, sino que además, la puerta que comunicaba con la cocina estaba cerrada con llave y mi comida para hacer el trekking de ese día estaba en la nevera: sí, en la que estaba en la cocina a la que no podía acceder. Di un par de vueltas por el hostel, debía haber alguien por algún lugar… ¡Ni el tato! A los 10 minutos y viendo que se acercaba la hora en la que tenían que venirme a buscar, empecé a gritar y casi tiro la puerta abajo, pero sin desayunar soy como un gato famélico y sin fuerzas, así que la puerta no cedió ni un milímetro. Se me pasaban por la cabeza esas películas policiacas en las que con una patada voladora la puerta se abre. No fue así y, para más inri, mis gritos de mujer histérica tampoco llegaron a los oídos de nadie. ¡Qué frustración cuando no entiendes nada! Y así con mi cara de póker y más hambre que un caracol en un espejo, salí del hostel para esperar el micro que venía a buscarme.

El Sendero del Hotel Torres al mirador Base Torres

Parque Nacional Torres del Paine

Íbamos 9 personas en el micro contando al conductor. Solo 3 de nosotros estaría en el Parque Nacional Torres del Paine por un día. El resto iban a realizar un sendero que les llevaría algo más. Mi objetivo particular era realizar el tramo que va desde el Hotel Torres al mirador Base Torres, ya que era el que me recomendaba todo el mundo por su espectacularidad y para realizar si únicamente tienes un día: el gran clásico. Inicié la marcha con un español altísimo y una israelita que hablaba en inglés por los codos y que no tenía en cuenta que mi cerebro tarda en asimilar y procesar la información en inglés. Al poco rato, la habíamos dejado atrás, caminaba muy despacio y todo y que se ahogaba, no callaba ni un segundo.  Caminé un buen rato acompañada del español pero no tardó en seguir su ritmo de piernas largas y empezar a tirar millas.

Caminaba en silencio, meditaba y escuchaba el rugir de mis tripas de vez en cuando. Por suerte, siempre llevo comida de emergencia por todas partes (una experiencia hace años en Egipto me volvió muy previsora): tenía un trozo de pan, una lata de atún y una manzana. Por supuesto quería guardar el manjar para cuando llegase a mi objetivo. Imagínate que de tanto en tanto salía a la luz el enanito gruñón que llevo dentro y  maldecía al del hostel. Empezar un trekking de 19 km entre subida y bajada con un desnivel acumulado de casi mil metros sin nada en el estómago se plantea duro de entrada. Soy como el monstruo de las galletas y pasando hambruna me pongo un pelín de mal humor, aunque también es cierto que en los viajes, el cuerpo se acostumbra a no comer cuando toca, a comer mal, en horarios raros etc. Pero lo reconozco, la falta de alimento no la gestiono muy bien y en esta ocasión mi comida principal y mi desayuno, estaban en aquella maldita cocina del hostel. Para cambiar el chip me dije: “Pues nada, debe ser un complot del universo para que me ponga rebuena; bye, bye, chicha, a tirar de reservas como los camellos”. Quien no se consuela es porque no quiere 😛

Subí y subí por esa ladera, el paisaje era muy bonito y el día estaba soleado. Pasado el Camping Chileno, el camino empezó a hacerse un poco más abrupto conforme iba avanzando y la subida cada vez más intensa. Encontré mucha gente con mochilas de travesía, entre otras cosas estaban haciendo el circuito de la W que debe su nombre a la unión de los tres valles por donde se camina formando dicha W: Valle de Ascencio, Valle del Francés y Valle del Glaciar Grey. Para los que como yo tengáis pendiente está aventura, aquí podéis encontrar toda la información del parque http://www.itorresdelpaine.com/torres-delpaine/trekking/circuito-w/ Adjunto en esta web está, bajo mi punto de vista, la información más clara y visualmente más sencilla.

Torres del Paine

Creo que llevaba caminando casi 3 horas cuando llegué al mirador Base Torres y me quedé anonadada por lo que contemplaban mis ojos: las Torres del Paine, un lugar de postal, de cuentos de hadas. Un lago color turquesa desde donde parecían crecer las Torres hasta el cielo. Olvidé todo al instante: el esfuerzo, el rugir de mis tripas y sonreí. Me dirigí hacia abajo para ir a la orilla del lago. Me senté, comí lo poco que tenía y contemplé durante más de una hora ese monumento de la naturaleza. Qué feliz se siente una cuando consigue lo que se propone y más aún si te ha supuesto un esfuerzo extra, ¿verdad?  :)