El Glaciar Perito Moreno

Sentada en un avión con destino a El Calafate y nerviosa como una niña. Cuando me planteé esta aventura me dije que quería cumplir mis 38 encima del Glaciar Perito Moreno.

Una locura más de las mías pero, ¿por qué no? Me hacía mucha ilusión. Los días previos a mi aniversario dejé de lado las prisas y pensé que llegaría otro día (no quería que el reloj marcará el ritmo del viaje), pero una vez más los astros se alineaban a mi favor y si todo iba bien, al día siguiente estaría allí y tendría, en mi cumpleaños, el Glaciar Perito Moreno bajo mis pies. Al pensarlo, no pude evitar sonreír .

Estábamos sobrevolando El Calafate y la visión me dejó fascinada. El lago argentino con sus aguas turquesa que delimitan el aeropuerto y el azul del cielo, convirtieron el lugar en el sitio más fascinante donde aterricé jamás. Toda esa belleza mezclada con mi emoción se agitaba en mí como en una coctelera, dando como resultado, el más sabroso de los cócteles que probé en mi vida.

Fui corriendo a la agencia y para mi fortuna aún quedaban plazas para el día siguiente, así que, contraté el Big Ice trekking y, aunque me costó una pequeña gran fortuna, no me importó (como alguien me dijo el otro día: “linda, esa experiencia, nadie te la quitará jamás”).

No conseguí pegar ojo en toda la noche por los nervios que tenía. Tan solo pensaba: “¡Es mi 38 cumpleaños y voy a estar allí!”.

Salté de la cama como si tuviese chinches antes de que sonará el despertador y me fui corriendo a la agencia http://www.hieloyaventura.com -son los únicos que tienen permiso para realizar esta actividad en el Glaciar Perito Moreno y de la que he de decir que tiene una calidad humana de matrícula de honor-. ¡Me atendieron con tanta simpatía! No olvidaré nunca a Patricia, la mujer de recepción, y a sus guías, entre ellos Marcelo, a quien le di guerra durante varias horas.

Me subí al bus y en menos de dos horas estaba danzando (literalmente) por las pasarelas, contemplando atónita y muy de cerca el glaciar Perito Moreno: ¡qué maravilla de la naturaleza!

Excursión en el Glaciar Perito Moreno

No podía dejar de sonreír, iba de un lado a otro como una niña, maravillada por su belleza, por su majestuosidad.

De pronto, un sonido semejante a un gigantesco trueno retumbó por todas partes: me quedé petrificada. Se había desprendido un trozo de hielo y, aunque no pude ver dónde pues el glaciar tiene 250 km2, el espectáculo para mis oídos fue brutal.

Me subí al barco que nos llevaría durante 20 minutos por el Brazo Rico hasta la costa oeste, donde iniciamos un trekking que en menos de una hora nos llevaría a la morena sur del glaciar. Me puse un arnés, gorro y guantes, y me ayudaron a colocarme los crampones pues era mi primera vez. El día estaba un pelín nublado y el viento al lado del glaciar era gélido, pero nada impidió que la alegría inundara de forma cálida todo mi ser.

Trekking por el Glaciar Perito Moreno

Éramos unos 15 en total incluyendo a los guías. Nos pusimos en marcha: al principio los crampones me hacían parecer un poco cómica al caminar. Me asemejaba bastante más al resultado de mis noches locas con Raquel cuando llevamos alguna cervecita que no a alguien que va preparada y motivada para  hacer un trekking sobre hielo.

Al poco rato empecé a sentirme más segura y más suelta y empecé a alucinar con lo que veía y sentía en mis carnes. ¡¡¡Dios!!! ¡Estoy encima de un glaciar gigantesco!

Veo grietas impresionantes que me generan entre miedo (solo pensar caer en ellas), así como curiosidad por entrar a conciencia para después escalarlas. Lagunas paradisíacas del color del cielo, sumideros y cuevas espectaculares. Entre fotos, vídeos, explicaciones y desayuno (en este último punto quiero aclarar que mi desayuno de celebración fue jamón ibérico traído desde Barcelona para la ocasión), trascurrieron 4 horas en las que cada segundo tenía la boca abierta con lo que estaba viviendo allí. ¡Fue tan mágico! Hice yoga como nunca y puse en práctica lo de “aquí y ahora” del que hablan los yoguis.

Big Ice Trekking en el Glaciar Perito Moreno

Deshicimos el camino ya sin crampones e iba flotando en mi nube particular; no quería bajar de ella por nada del mundo. Llegamos al embarcadero de nuevo y una vez en el barco habían preparado whisky para todos. A mi no me gusta el whisky pero la ocasión merecía un brindis. Los guías empezaron a cantar cumpleaños feliz y todos los que conocían la versión castellana se unieron.

Al llegar al hostel y encender el móvil y echaba humo: aunque suene increíble cientos de personas me felicitaban por mi cumpleaños.

Me senté, respiré y sonreí de nuevo. Soy afortunada, muy afortunada, la vida no deja de regalarme momentos. El camino para conseguir cumplir sueños se hace duro en muchas ocasiones, pero doy fe: la lucha por conseguir nuestras metas, nuestros objetivos, nuestros sueños, no puede llevarnos a otro lugar que al éxito. Jamás viví algo como aquello y sé que explicaré un millón de veces la historia y me brillarán los ojos al contarla el resto de mi vida.

Gracias a tod@s por las felicitaciones y por el cariño que me dais. Mis aventuras sin nadie a quien explicárselas no serían lo mismo.